domingo, 3 de mayo de 2026

...Los héroes, como Aquiles, también son mortales.

 

La cumbre no es habitable

Los héroes del deporte están ahí convertidos en materia de los sueños inalcanzables de sus seguidores

Ilustración de Fernando Vicente.


Se llama talón de Aquiles a esa parte vulnerable del cuerpo de los héroes que se halla a merced del capricho de los dioses. Piensa en esos deportistas de élite que ponen en extrema tensión todos sus huesos, músculos, tendones y cartílagos al servicio de la gloria y sufren una caída desde lo más alto. Según la mitología griega la diosa Tetis sumergió a su hijo Aquiles en la laguna Estigia cuyas aguas conferían la inmortalidad por el simple hecho de sumergirse en ellas, pero tuvo que hacerlo sujetándolo por el talón. Fue esa pequeña parte del cuerpo, la que, al quedar exenta, se convirtió en su punto débil que lo hizo mortal. Durante la guerra de Troya, guiado por Apolo, aprovechó Paris para lanzarle un dardo al talón y causarle la muerte. En medio de la vida anodina que nos rodea, siempre a la espera de la desgracia que nos pueda deparar el futuro, los héroes del deporte están ahí convertidos en materia de los sueños inalcanzables de sus seguidores. El hincha adopta como propias las victorias y derrotas de su ídolo al que ha transferido una parte de su yo hasta el punto de formar con él una unión hipostática. Sus éxitos le harán feliz y con sus fracasos se sentirá profundamente desgraciado. Existe todavía un grado de belleza al que agarrarse si uno deja de mirar las poltronas de los palcos de honor y observa lo que sucede en las canchas, en las pistas, en los circuitos, en la pared norte de los picos de las cordilleras donde los héroes modernos alcanzan con sus cuerpos ese punto inasequible de la gloria. Pero la gloria tiene un límite. Aunque tu héroe pueda coronar con éxito la cima más alta le será imposible vivir en ella. Las cumbres no son habitables. Ningún héroe puede levantar allí su morada. Llega el momento en que los dioses exigen un tributo en forma de lesión de muñeca, de rotura del menisco, de desgarro muscular, o simplemente basta con el escarnio que el tiempo produce en los cuerpos para que estos héroes recuerden, como Aquiles, que también son mortales.

martes, 24 de marzo de 2026

sobre los amores no correspondidos...

Gracias por hacerme polvo

No me puedo sacar de la cabeza una frase de Ethan Hawke en la gala de los Oscar sobre los amores no correspondidos

Ethan Hawke, como Todd Anderson en 'El Club de los Poetas Muertos' (Peter Weir, 1989).


Yo no creería en el amor irracional a primera vista si con 15 años no hubiese pasado noches enteras llorando a causa de un chico con el que nunca podría tener nada, lagrimones de esos que se deslizan hasta el interior del pabellón auditivo. Lo había visto en una película. Nada más. Interpretaba en ese filme a un estudiante tímido llamado Todd Anderson al que sus padres le habían enseñado que lo único importante en la vida es estudiar y cuyo sistema de prioridades se tambalea al conocer a un profesor algo prognato que le enseña que hay que aprovechar los días y extraerle todo el meollo a la vida.

En el formol de las pantallas Todd Anderson jamás envejecerá. El actor que lo encarnaba, Ethan Hawke, sí lo ha hecho: conserva todo el pelazo, que no se peina a lo taza como el pulcro estudiante de Ivy League que me obsesionaba, sino hacia atrás, ligeramente engominado. Lo mueve de forma muy sexy cuando le paran en las alfombras rojas para que haga afirmaciones contestatarias y progresistas en un momento en el que en general los grandes de Hollywood se callan como cucarachas interesadas y cobardes.

En los Oscar alguien se le acercó con un micrófono y no le preguntó por la guerra o por Trump, sino que pidió un consejo para la agonía del amor no correspondido. Él dijo una frase con resabios tagorianos que no puedo sacarme de la cabeza: “El que está enamorado siempre gana. Al sol no le importa si la hierba agradece sus rayos. Sigue brillando”. Me sentí ligeramente ofendida. ¿Tengo que dar las gracias por haber sido una púber sufriente? ¿Sentirme afortunada por todas las veces que no fui elegida ya de adulta? Luego recordé esa escena de Louie en la que un anciano reprende a Louis C. K. por no disfrutar de la tristeza tras una ruptura. “Yo pensé que esta era la parte mala del amor”. El viejo le dice: “No. La parte mala es cuando olvidas, cuando ya no sientes nada. Va a llegar, te lo aseguro, así que disfruta de tu corazón roto mientras puedas”. Igual hay que hacerle caso.

domingo, 8 de febrero de 2026

Llueve, contra los cristales llueve, llueve.

La primavera en el corazón

En esta tarde de lluvia con los cristales empañados, es preferible ahorrarse el veneno de la nostalgia

La lluvia sobre la plaza de Castilla de Madrid, el pasado 2 de febrero.
Mariscal (EFE)


Llueve, contra los cristales llueve, llueve. Por este tiempo, pasada la Candelaria, debería haber despertado la savia de los árboles, las gemas deberían haber reventado en las ramas y la calandria con su canto debería habernos obsequiado con el presagio de la primavera; en cambio, la lluvia fina y oblicua que llegaba por este tiempo para fermentar el humus y provocar un deshielo luminoso se ha convertido esta vez en un azote de los dioses airados. La naturaleza ha tomado parte activa en nuestras desgracias, como si quisiera hacernos saber que está buscando un culpable. Recuerdo ahora el poema de Paul Verlaine: “Llora en mi corazón / como llueve en la ciudad / Oh, dulce sonido de la lluvia / en la tierra y en los tejados. / Es la peor pena no saber por qué / sin amor y sin odio / mi corazón tiene tanto dolor”. En esta tarde de lluvia con los cristales empañados podrán sonar aquellas melodías que un día te hicieron feliz; pero es preferible ahorrarse el veneno de la nostalgia y pensar que la primavera es un horizonte de combate que uno debe conquistar. Ya verás, todo irá bien, todo será como siempre ha sido, saldrá el sol, los ríos volverán a su cauce, una brisa sosegada agitará los perfumados álamos que guardan la ribera, los insectos celebrarán el cortejo nupcial antes de aparearse, terminará el temporal y los delfines seguirán saltando e incluso puede suceder que los políticos de bandos contrarios dejen a un lado la quijada de asno que usaba Caín y se den la mano como adversarios y no como enemigos y para conmemorar semejante suceso las ranas alegres darán un concierto en las charcas. Frente a la naturaleza con sus aguas desatadas, será bueno soñar en legítima defensa que pronto se oirá el zumbido de un dorado moscardón que liba las glicinias y llegarán los gritos de los niños desde el recreo del patio de un colegio que podrían confundirse con el de los pájaros que por ese tiempo estarán construyendo sus nidos. Todo será como antes si uno lleva la primavera en el corazón.