Una mala opinión
Acudí a una IA para averiguar si era capaz de distinguir un texto mío de otro de un robot y acabé preguntándome si no sería yo el robot
Me suscribí este verano a una inteligencia artificial que ofrecía, entre otras prestaciones, la de detectar textos realizados por ella misma. Para comprobar si funcionaba, le pasé algunos originales míos, sobre los que la máquina opinó en cuestión de segundos que estaban generados al 100% por una IA. Confundido ante el diagnóstico, le pregunté cómo podía errar de un modo tan impúdico. Y cobrar por ello. Respondió que mi escritura era demasiado limpia y coherente, y que estaba muy bien estructurada, además de otras virtudes que me reservo por pudor. De ahí la confusión. Me vino a la memoria entonces la prueba Voight-Kampff, de Blade Runner, en la que los sospechosos de ser replicantes eran sometidos a situaciones diseñadas para provocar respuestas de orden emocional. Entre tanto, una máquina observaba sus pupilas, su aliento, su sudoración, sus reacciones involuntarias, en fin. Lo espantoso del test era que el interrogado podía empezarlo convencido de su humanidad y terminar con dudas razonables acerca de su auténtica naturaleza.
Es un poco (o un mucho, no sé, aún no me he repuesto) lo que me sucedió a mí. Había acudido a la IA para averiguar si era capaz de distinguir un texto mío de otro generado por un robot y acabé preguntándome si no sería yo el robot. Aquellas cualidades que durante años había intentado adquirir (precisión, sentido, limpieza sintáctica, control sobre el ritmo y demás) se habían convertido de súbito en indicios de automatismo.
Solicité, pues, al robot que “humanizara” algunos de mis textos, ya que este era otro de los servicios de la aplicación de pago, y los dejó hechos una mierda al objeto de que parecieran haber salido de la cabeza de una persona como usted o como yo. ¡Qué manera de destrozarlos! Ahí es donde caí en la cuenta de la mala opinión que la IA tiene de nosotros. No sería raro en consecuencia que nos detestara. ¿Y qué se hace con aquello que se detesta? Ya veremos.

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